Alerta San Juan, que la vida vale más que el dinero del oro

Estos días ha vuelto a la agenda del debate nacional el tema de la explotación minera en nuestro país. Al parecer, en este caso, el debate que se genera promete ser igual o más controversial que todos los que durante años, la propia existencia de la explotación haya podido generar.

Aunque es bien sabido por todos que la explotación minera trae grandes beneficios económicos, no menos cierto es que los graves problemas socio-ambientales que ella genera también lo son, sobre todo en países como Republica Dominicana, en donde el control y supervisión en este tipo de prácticas ha sido mínimo o casi nulo.

Los primeros intentos de explotación minera en el país datan del año 1505, en aquel entonces se iniciaba por primera vez la búsqueda de metales preciosos por excavación. Práctica que continuó en el 1953 durante la época del otrora dictador Rafael Leónidas Trujillo.

Años más tarde, durante los primeros 12 años del gobierno del doctor Joaquín Balaguer, en el 1969, fueron otorgados los permisos para la exploración de Pueblo Viejo a la Rosario Mining Company, que luego pasaría a llamarse en 1973 Rosario Resources Corporation, desde entonces, hasta estos días en los que hoy ya se conoce como Barrick Gold o Barrick Pueblo Viejo, de esta exploración y luego explotación minera, lo que nos queda es un triste y amargo recuerdo.

¿Está nuestro país preparado para iniciar un nuevo proceso de explotación minera? ¿Ya tenemos como estado la infraestructura y el personal técnico necesario y cualificado para supervisar la exploración y posterior explotación minera?

Necesarias preguntas que hay que responder, y de sus respuestas mucho que reflexionar. Porque el triste recuerdo de lo que pude haber sido y no fue, aún vive en los corazones de gente que vio sus familiares morir, que muere o que tuvo que abandonar sus tierras por el impacto negativo que en sus vidas y su entorno medio ambiental inmediato causó La Rosario y aún causa Barrick.

Recientemente fue anunciado al país que el ministerio de Energía y Minas habría aprobado la concesión para la explotación de la mina de oro en Hondo Valle, ubicada en la Cordillera Central, al norte de la provincia de San Juan de la Maguana.

La compañía Gold Quest, a quienes les otorgaron dichos permisos, estaría realizando la primera explotación minera de oro subterránea en República Dominicana.

¿Quiénes son los dueños de Gold Quest? ¿Cuál es su hoja de vida en materia de explotación minera? ¿Han hecho este u otro tipos de trabajo de igual índole en suelos extranjeros con los criterios que hoy conocemos como minería responsable? Estas otras preguntas que habría que responder y luego reflexionar antes de que sea demasiado tarde.

Porque más allá del 40% de los beneficios que al Estado dominicano le pudiera tocar de dicha explotación y el 5% del que se beneficiaría San Juan, habría que ver si como país estaríamos dispuestos a pagar el precio de reeditar la historia de años de contaminación y exterminio ambiental de La Rosario y Barrick Gold

La minería responsable no es un eslogan ni un concepto. Ella está compuesta de tres ejes fundamentales, estos son, el técnico-económico, ambiental y social. ¿Conocerá Gold Quest de esto?

Además de la transformación social que tendría la puesta en marcha de esta exploración y posterior explotación, lo correcto sería no solo escuchar a la población de San Juan que pide a gritos que la mina no sea explotada, sino también abrirnos a la posibilidad de dialogar sobre los grandes impactos de esta obra y sus consecuencias para los suelos, los ríos y el aire.

Reflexionemos ahora, antes de que condenemos también a la muerte, no solo el medio ambiente de San Juan y todo su valle, sino también de la gente que allí reside. Porque la vida de nuestros ciudadanos y su entorno, vale más que dos o tres pesos.

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